2025-10-02

La mente humana se distingue por su capacidad de volverse sobre sí misma y reconocerse. Esta autoconciencia es posible porque el cerebro cumple una función esencial: construir y sostener la realidad que habitamos. Sin embargo, dicha realidad no es absoluta, sino una creación ilusoria de la mente. En ella coexisten materia y consciencia, pero no la superconsciencia, que habita en un plano distinto y solo puede expresarse a través de la materia y la consciencia humanas.

Los sueños ofrecen un ejemplo de esta dinámica: allí la mente fabrica mundos en los que se proyectan los deseos del ego. El placer del sueño radica en esa satisfacción ilusoria, y romper con ella exige un acto de voluntad. Así, tanto la vigilia como el sueño son escenarios de una misma construcción mental, donde la verdadera libertad consiste en reconocer la ilusión y trascenderla.